Perverso el aire,
que hipócrita y mustio,
golpea tus senos
con lujurioso vaivén
Perverso porque te mira
desde el resquicio intimo
del deseo licencioso
y clandestino
Perverso porque en la soledad
de la noche
hunde sigiloso y delictivo
el aguijón sádico
del sexo infiel
Perverso porque escucha
con deleite insano
el respiro agónico
de la posesión
desconocida
Perverso porque huye jubiloso
entre la humedad mohosa
del cuerpo ajeno
mientras adormece los sentidos
y convulsiona
el alma etérea
del deseo
Perverso porque hoy y mañana
y todos los mañanas
mirará lívido tu cuerpo
y poseerá tu vientre perfecto
y huirá
entre las hendiduras
de la liviandad
donde duerme
tu inocencia
Poza Rica, agosto 12, 2008
17:30 hrs.
FERNANDO
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